La Agencia Estatal de Meteorología elabora una publicación sobre avalanchas, sus principales riesgos, la forma de detectarlas y los canales de información en España
El trabajo también recuerda que este fenómeno también puede afectar a sistemas montañosos de la Comunidad, como la Cordillera Cantábrica o el Sistema Central
Las avalanchas son uno de los fenómenos meteorológicos más imprevisibles en la montaña. Aunque se entiende que los aludes son propios de la alta montaña, lo cierto es que estos también se localizan en Castilla y León, concretamente en la Cordillera Cantábrica –sobre todo en los Picos de Europa- o en el Sistema Central.
Debido a esta condición, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha presentado una guía sobre este proceso realizada en sus delegaciones de Aragón y Cataluña, con el objetivo de profundizar en este fenómeno y, de paso, “acercar” las condiciones para que este se produzca.
La guía subraya e incide que, pese a todos los conocimientos: cartografía, medidas de defensa, predicción meteorológica…, se trata de un fenómeno natural que puede ser incontrolable. “La gestión de riesgo es una tarea compleja y multidisciplinar”, señala la publicación, de ahí que la guía pretenda ser “una primera aproximación a dicho conocimiento”.
En este sentido, la Aemet entiende que es necesario contextualizar el proceso y lo explica a través de la formación de la nieve y las nevadas o cómo se completa el manto nivoso. A partir de esta contextualización, los profesionales de la Agencia explican cómo se produce el alud para finalmente explicar cómo se trata de prevenir y la forma de evitarlo en terreno nevado fuera de las pistas de esquí.
La guía incide en la importancia del viento en este fenómeno y en la formación de distintas capas de nieve o la irregularidad que provoca en el manto nivoso. “La estabilidad del manto varía espacial y temporalmente y también lo hacen las fuerzas que actúan sobre él, de forma que la probabilidad de que el manto en su conjunto o una o varias de sus capas se desplace será una función compleja dependiente de múltiples variables. De ahí la gran dificultad que conlleva la predicción temporal del peligro de aludes”, señala.
Tipos de aludes
La publicación de la Aemet también incide en el tipo de aludes, que se clasifican en función del tipo de desencadenamiento: espontáneo o accidental (provocado); y el que se basa en las características del manto: alud de nieve reciente, alud de placa y alud de nieve húmeda.
Uno de los datos más espectaculares relativos a las avalanchas de nieve reciente, en concreto en el caso de la nieve en polvo, es que pueden alcanzar los 300 kilómetros por hora, ya que se desplazan como un gas pesado, formando un aerosol.
El peligro de los aludes
Las consecuencias que sufre una persona que ha sido arrastrada por una avalancha son básicamente de tres tipos: congelaciones/hipotermias, traumatismos y asfixia.
La guía asegura que cuando una persona queda enterrada por un alud durante 15 minutos, la probabilidad de supervivencia es de un 93%, siempre que no haya lesiones. Eso sí, defiende que entre esos 15 minutos y los 45 minutos pasados desde el accidente, la probabilidad de supervivencia decrece muy rápidamente, ya que las personas sepultadas sin una bolsa de aire fallecen de asfixia.
Más allá de los 45 minutos, las posibilidades de sobrevivir se minimizan, debido a los efectos de la hipotermia y de la falta de aire.
En este sentido, la publicación recuerda que para superar una avalancha pueden ser vitales las medidas de autosocorro y subraya la importancia del arva, la pala y la sonda.
Aún así, la guía de la Agencia Estatal de Meteorología recuerda que para evitar un incidente desagradable lo mejor es prevenir, y permanecer atento a las previsiones meteorológicas y al denominado boletín de información nivológica y de peligro de aludes.
El riesgo de avalanchas, una realidad en Castilla y León (fclm.com)